viernes, 7 de diciembre de 2012

INFIERNO



La obscuridad le cubrió por completo, estuvo así durante horas. No sentía frío, hambre ni cansancio. Tenía la mirada perdida, miraba más allá, en donde los ojos encuentran los recuerdos dolorosos.
Pasaron días, en los cuales el cuerpo se fue marchitando, derrumbándose en sí mismo, sin dolor, sin amor, sin vida. Era un cuerpo que había sabido amar, abrazar, dar placer, ahora no era más que un despojo de lo que supo ser.
Pasaron semanas, nadie supo de él, en realidad no había quien se interesara por él. Siempre supo que su final sería así, en la absoluta soledad de una habitación sin puertas ni ventanas.
Su mente repetía una y otra vez sin cesar todas las cosas horribles de su vida, su tristeza y la tristeza que causó en los demás. Ya no tenía lágrimas, las había terminado hacía meses atrás.
Y así pasaron años, siempre en la misma posición, mirando la nada, en realidad las imágenes se sucedían en su mente atormentada, imágenes de dolor, frustración y miedo.
Siguieron los siglos y el hombre en el mismo lugar, reviviendo todas las miserias que vivió y que hizo vivir. Su cuerpo era ya una sombra en la pared, solamente sus ojos destilaban un poco de luz.
Milenios después solo quedaron esos ojos derrumbados, antiguamente claros, que miraron más de una vez con amor, que prometieron paz. Ahora eran ojos negros, como la misma sombra que antiguamente fue su cuerpo, ojos sin vida, ojos de la eternidad.
Eones transcurrieron en esa celda de castigo, cuando por fin esos ojos obscuros, luego de tanto tiempo de condena se dieron cuenta de todo el daño que hicieron. Pidieron perdón, por primera vez. Y por fin pudieron cerrarse en paz.

2 comentarios:

  1. QUE PROFUNDA LA DESCRIPCION DE LOS SENTIMIENTOS, MUY BUENO, TE FELICITO GABRIEL!!!!!

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